Somos compatriotas, mineros artesanales, pequeños y medianos, que al igual que ustedes estamos intentando ganarnos la vida,

en un país cuyos dirigentes limitaron profundamente las oportunidades de mejorar las condiciones de sus habitantes. Tras dos décadas de neoliberalismo, una buena parte de la agricultura y de la industria nacional cayeron en ruina. Prueba de ello es la azarosa situación que se ha conocido de cafeteros, lecheros, paperos, autopartistas, textileros, productores de cuero, calzado y muchos más, que sucumbieron forzosamente ante las importaciones de bienes desde naciones que sí respaldan a su producción local.

Esto ha obligado a cientos de miles de colombianos a refugiarse en la minería, adoptando como forma de vida, para no engrosar los cordones de miseria de las ciudades ni las filas de los grupos armados al margen de la ley, la práctica de una actividad que otros tantos compatriotas han ejercido sin el calificativo de ilegales desde tiempos inmemoriales. Más de dos millones de ciudadanos tenemos en la extracción de carbón, arena, piedra, oro y otros minerales, la única posibilidad de ganarnos el sustento diario.

Conscientes del efecto que nuestra actividad tiene en la sociedad y en el ambiente, estamos convencidos que debemos cambiar y mejorar las prácticas mineras, pues al fin y al cabo en las tierras que nos dan el sustento, también viven nuestros hijos y familias, y queremos seguir allí por mucho tiempo. Pero el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, en lugar de apoyarnos y darnos asistencia, nos ha declarado la guerra como unos indeseables que deben ser erradicados.

Hay quienes piensan que el gobierno nos persigue para proteger la biodiversidad del país; lo cierto es que somos un obstáculo para que la Locomotora Minero-Energética funcione a plena marcha y únicamente lo hará si logran despojarnos de nuestros territorios, para entregárselos a las transnacionales de la gran minería. Empresas que han causado enormes desastres son los únicos beneficiarios de la política de arrasamiento contra los pequeños mineros: en el Cesar, donde un día se cultivó algodón, ahora solo hay un hueco de carbón hecho por gringos y europeos. La Guajira, es el mayor productor de energía para las potencias extranjeras mientras es el departamento más pobre del país. Hasta querían desviar su único río, el Ranchería. En Córdoba, la gente se muere por las enfermedades producidas por la gran explotación de níquel, de una empresa que sistemáticamente ha estafado al Estado. En el Meta, trabajadores petroleros de una multinacional canadiense viven peor que en campos de concentración.

Esto ocurre a un costo social y ambiental incalculable e irreversible y –para colmo- por cada $100 que recibe el Estado por impuestos de las grandes mineras, dejamos de recibir $200 que les regalamos por concepto de beneficios tributarios, como señaló recientemente el estudio de la Contraloría General. Estos beneficios se van esas compañías para que generen empleo, pero la verdad es que más empleo se genera entre la pequeña y mediana minería del país, y no recibe ni uno solo de los privilegios de las grandes corporaciones que se lucran con nuestros Recursos Naturales No Renovables. ¿Este es el país que queremos para nuestros hijos, un país devastado por la voracidad foránea?

Colombianos, si permitimos que el gobierno de Santos arrase con los mineros nacionales, estaremos permitiendo que se acabe con la única forma de vida de millones de colombianos que se quedarán sin alternativa, pero que además son un destacamento para defender al país de la gran minería extranjera. Al igual que ustedes, a nosotros nos preocupa el futuro de Colombia. El gobierno nos acusa de ilegales por no contar con un título minero que ellos mismos se han negado sistemáticamente a otorgarnos. Ante tantos ataques de parte del Estado que debería defendernos, la única salida que nos queda es protestar pacíficamente para exigir: 1. Que respeten nuestra producción y trabajo honesto y no nos pongan en el mismo costal con los grupos armados ilegales, 2. Que el Estado reconozca que nuestra actividad es diferente a la gran minería y 3. Que exista un verdadero proceso de formalización que acabe de una vez por todas con este conflicto.

Por eso invitamos a nuestros compatriotas a que nos respalden y se unan de manera pacífica y democrática al Paro minero y Jornada por la Defensa de la minería nacional artesanal, pequeña y mediana, que adelantaremos el 17 de julio de 2013.